A papá.

No tengo presente si alguna vez recibí una caricia o una felicitación de su parte, pero desde el primer día que lo recuerdo siento sus valores como míos.
Hace un mes partió un referente para mí, un tipo de carácter, de palabra firme y honesta, trabajador como pocos, que a pesar de haber caído no una, sino muchas veces siempre se reinventó poniéndole más esfuerzo para lograrlo, sinceramente admiro su fuerza.

Hasta su sobrenombre era único, Ató, de dónde vendría? Vaya uno a saber, lo tenía tan apegado a su persona que hasta en un momento llegué a ver facturas de compra con su apodo en vez del nombre real, compartía las iniciales del nombre de su padre, Otto Dionisio. Al abuelo no llegamos a conocerlo, ni siquiera creo que papá haya tenido recuerdo de él, porque falleció muy joven cuando el viejo tenía solo meses.

Era nacido en la localidad de Pedro Luro, lugar que habían elegido el abuelo Otto y la abuela Berta para formar su hogar, ante el desafortunado episodio que terminó con la vida del abuelo, al poco tiempo volvieron para radicarse en Tres Arroyos, vivieron un tiempo con su abuela Catalina, hasta que la abuela Berta se instaló para siempre en su casa de calles Brasil y Suipacha.

Me quedan los recuerdos de sus relatos de juegos en la infancia, desde jugar con los sapos en el canal de riego en Pedro Luro, a las carreras de autitos con plomo adentro para "que no volarán" en la plaza Italia. De sus travesuras en la preadolescencia, de las de su juventud, que reto nos hubiera dado si llegábamos a hacer eso alguno de sus tres hijos, aunque siempre se está a tiempo jaja.

Era hincha de Racing, pero jamás lo escuché dar una formación completa de un plantel, pero si lo podía escuchar o ver lo hacía. Fuimos compañeros de cancha durante años, siguiendo a Huracán desde el regional hasta la primera división de fútbol. Me quedan gratos momentos guardados para siempre en su compañía.

"El Goico" sabía reinventarse, de niño lo llevaron a trabajar sus tíos al campo, siempre decía que le tenía miedo a un galpón entonces abría el portón y de un salto se metía al tractor. Fue tractorista, sabía trabajar muy bien con la hacienda, fue transportista, encargado de estancia, contratista rural de pulverización, de siembra y de cosecha con una prolijidad y exigencia absoluta. Era capaz de darse cuenta que había algo flojo con solo pasar caminando por detrás de una sembradora y soy testigo. Finalmente volvió al transporte, actividad que sin dudas le encantaba.

Una persona sencilla sin vicios o gustos extravagantes, sano por donde se lo miraba. Aún veo su cara de disgusto cuando regresaba de mis salidas nocturnas. Buen cocinero, pésimo para la lavada de la cocina, podía llegar a apilar platos con una eficiencia única con tal de no lavar. 

Para ir cerrando poco supe de sus gustos musicales, salvo por una canción que sé que le encantaba y mucho, no hablaba una gota de inglés, pero tenía buen oído. Les dejo la traducción de What a wonderful world de Louis Armstrong.

Veo árboles de color verde,
también rosas rojas.
Las veo florecer,
para ti y para mí.
Y pienso para mí...
qué mundo tan maravilloso.

Veo cielos de color azul,
y nubes de color blanco.
El brillante bendecido día,
la oscura sagrada noche,
y pienso para mí...
qué mundo tan maravilloso.

Los colores del arco iris,
tan hermosos en el cielo,
están también en las caras de la gente que pasa.
Veo a amigos estrechándose las manos,
diciendo "¿qué tal estás?.
En realidad, están diciendo "te quiero".

Oigo a niños llorar,
los veo crecer,
aprenderán mucho más
que lo que yo nunca sabré,
y pienso para mí...
qué mundo tan maravilloso.

Sí, pienso para mí...
qué mundo tan maravilloso.


Orlando Daniel Goicoechea 1953-2022

Comentarios

Entradas populares